El impacto de las redes sociales y sus consecuencias

El impacto de las redes sociales y sus consecuencias

‘Las redes condenan en minutos y de por vida: El caso Inés Arrimadas’.

La mujer que deseó que la violaran fue despedida horas después de que Arrimadas manifestara su intención por denunciarla

A consecuencia del debate suscitado en torno a la polémica en el caso Inés Arrimadas, analizamos en una primera entrada del blog los límites al derecho a la libertad de expresión y cuando esas expresiones intolerables se convierten en delito de odio.

No obstante, las manifestaciones/opiniones vertidas en las redes sociales también traen consecuencias, véase de ejemplo que la usuaria que deseo a la diputada Inés Arrimadas que la violaran en grupo, fue despedida tan solo cuatro horas después de realizar dicho comentario en una conocida red social, por lo que solo cabe preguntarnos ¿Queda justificado el despido de la usuaria por opiniones dadas en su cuenta personal en una red social?, ¿Se han convertido las redes sociales en una justicia paralela?

A estas alturas, es sabidos por todos, la repercusión que genera el rastro que dejamos con nuestras acciones en internet y con la información que otros cuelgan de nosotros. El caso de la denuncia pública de Inés Arrimadas del mensaje de odio de una mujer que le deseaba una violación en grupo es un ejemplo al respecto: la líder de Ciudadanos en Cataluña publicó la imagen del mensaje para anunciar una denuncia jurídica sin quitar el nombre de su autora y bastó una simple búsqueda para localizarla en Facebook y en Linkedin. Lo que provocó de manera inmediata fuera despedida de su trabajo unas horas después y recibió mensajes de tono similar al que le sacó del anonimato. Siendo además llamativo, que la propia empresa anunciara tal medida en la red social Twitter.

No obstante, no podemos confundir un comentario reprochable o rechazable socialmente con un delito de odio, cuyo tipo penal permite identificar perfectamente en qué casos estaríamos ante tal conducta. En cualquier caso, estaríamos ante manifestaciones injuriosas las cuales deberán ser valoradas por un Juez, que será el único que, a la vista de la interpretación de la norma, decidirá si supera los límites impuestos al derecho a la libertad de expresión.

  • ¿Es el despido procedente?

No. Bajo mi opinión personal, considero que el reproche puede ser civil e incluso penal, pero dudo de que pueda ser laboral, salvo que se considere que el nombre de la empresa ha quedado dañado o que exista un código ético interno que pueda haber sido conculcado.

De no ser así, la empresa en cuestión tendría difícil justificar un despido por un comentario realizado en el ámbito privado y sobre un asunto que no les compete directamente. Aunque abre una puerta a la posibilidad de que se tuviera en cuenta el hecho de que se podría generar una publicidad negativa para la firma, afectando directamente a la reputación de la propia empresa.

  • Consecuencias provocadas por las redes sociales.

Las consecuencias de mensajes como estos no tienen lugar solo durante los días siguientes, sino también a un plazo más largo, afectando a la huella digital. Por ejemplo, antes de una entrevista de trabajo, muchas empresas hacen una búsqueda en Google de los candidatos. Cuando busquen el nombre de esta mujer se encontrarán con una persona que fue denunciada por desear una violación en grupo a la líder de Ciudadanos en el Parlamento de Cataluña.

No está de más preguntarse si las consecuencias son exageradas: el mensaje que le dedicó a Arrimadas es reprochable y quizás también ilegal, ¿pero merece que se la condene de por vida a no encontrar trabajo? Estamos ante otro linchamiento en Twitter. Esta expresión lleva de moda desde que Ron Jonson publicara en 2015 su libro Humillación en las redes, en el que relata casos en los que la turba de Twitter y Facebook se ha lanzado sobre personas que han cometido un error (o una falta) en forma de tuit o de mensaje en redes. A las respuestas airadas se unen las noticias publicadas en prensa que amplifican su alcance.

Lo que sí es cierto es que a menudo olvidamos que Facebook es un espacio público y no la barra de un bar y, por tanto, lo que decimos tiene consecuencias públicas. Estas consecuencias nos pueden parece excesivas o injustas, pero lo cierto es que no podemos controlarlas. Lo que sí podemos controlar es lo que decimos y, por supuesto, si nos sumamos o no a uno de estos linchamientos.

En definitiva, asumir las implicaciones de reconocer la libertad de expresión exige una sociedad madura y tolerante. Esa madurez y tolerancia se demuestran, por un lado, con el ejercicio responsable de la libertad. Algo que no se puede imponer jurídicamente, sino que depende de la educación cívica. Y en ese ejercicio responsable se incluye el respeto.

Alexandra Garcés, Letrada especializada en Ciberseguridad y Derecho de las Nuevas Tecnologías y Transformación Digital en Gaudia.

2018-04-29T18:00:07+02:00 07/09/2017|De interés, nuevas tecnologias, Penal, Sin categoría|

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